Caracas, tu Capital

El Distrito Capital es una entidad político-territorial que abarca el espacio del Municipio Bolivariano Libertador, erigiéndose como Caracas, capital de la República Bolivariana de Venezuela. Es uno de los territorios más pequeños de la federación venezolana, pero al mismo tiempo uno de los más poblados; el Instituto Nacional de Estadística (INE) nos cuenta que para el 2010 la ciudad contaba con 2.103.404 habitantes, cifra que se corresponde con el 7,29% de la población total del país agrupada en menos del 1 del territorio nacional.

La historia de la ciudad nos evoca a múltiples vivencias y un sin limite de personajes. La cuna de El Libertador, La ciudad de los techos rojos, la sultana del Ávila, la sucursal del cielo, son solo algunos de los títulos que ha recibido a lo largo de su historia.

El cerro es su signo más emblemático, pero adonde se mire siempre encontraremos una razón para sentirnos orgullosos de esta ciudad y sus habitantes. Sus esquinas y la historia que las envuelve también son motivo de admiración y estudio entre propios y ajenos.

La mutación de Caracas, y por ende de su identidad, comenzó con el boom petrolero, en pleno gomecismo del pasado siglo, cuando la volátil bonanza disparó las importaciones y la necesidad de caleteros  para descargar las mercancías de buques en La Guaira atrajo a ejércitos de campesinos sin tierra que levantaron sus ranchos en los cerros caraqueños.

Caracas, con sus virtudes y defectos, es la  manifestación más elocuente de  diversos sentimientos humanos unidos, entrelazados y encontrados. Entre las maravillosas cosas que la caracterizan, encontramos la ironía fina y muy incisiva del humor de sus habitantes, cordiales y afables, como lo describió en una oportunidad su historiador, Guillermo Durand.

Caracas es una ciudad de mil texturas, muchos somos los que hemos encontrado en sus calles nuestro destino, Caracas es un lugar donde el sincretismo se erige como un estilo constituido, donde nuestras relaciones se dan gracias al encuentro de múltiples códigos que interpretamos y reinterpretamos una y otra vez. Es así como esta ciudad es cuna de una gran cantidad de comunidades lingüísticas, que no solo se quedan en el lenguaje cotidiano que nos comunica para tomar el autobús, para comprar en el mercado, para conversar, sino que han trascendido también al plano de la expresión artística; esos elementos identitarios que caracterizan nuestro día a día, suben a las tablas del teatro, resuenan en acordes y golpes, son capturados por el lente cinematográfico, se vuelven hiatos y diptongos en mil poemas, así como también se mantienen con vida gracias al resguardo permanente por parte de las comunidades.

Desde este espacio intentamos transitar por los caminos de las vivencias, los relatos, las investigaciones y la herencia oral y escrita, en la decidida búsqueda de una aproximación a lo que es Identidad Caraqueña. Para tal fin, es necesario juntar los esfuerzos de quienes alguna manera estén relacionados con la ciudad, quienes la viven, aquellos que la sueñan, que la construyen y reconstruyen a partir de sus realidades, felicidades, tristezas y aspiraciones. Le invitamos pues a que transite ese camino junto a nosotros, a que con su pluma, sus ganas y sus ideas, aporte en la construcción de nuestra identidad, la caraqueña.

Finalmente, y con la invitación a los lectores para que enriquezcan esta sección, Dicen de Caracas, dejamos las palabras de el padre de la Patria, el caraqueño americano, Simón Bolívar: “...mi derecha estará en las bocas del Orinoco, y mi izquierda llegará hasta las márgenes del río de la Plata, mil leguas alcanzarán mis brazos, pero mi corazón se hallará siempre en Caracas”.

Escríbanos aquí: caracastucapital@gdc.gob.ve

Dicen sobre Caracas

A través de su historia, Caracas ha sido la depositaria de múltiples adjetivos y disímiles juicios. El celebre historiador colombiano Oviedo y Baños a mediados del siglo XVIII la bautizó como “La Ciudad de la Eterna Primavera”. Por su parte, el conservacionista Francisco Tamayo adujo que “Caracas era una estrella irregular, hoy es un infierno planificado”, el urbanista Eduardo Castillo clama “el daño que le hemos hecho a Caracas exige un juicio de responsabilidades”; en tanto el célebre arquitecto Fruto Vivas declaraba que “los pobres son los guardianes de su identidad cultural”.

Ilustres personajes como Humboldt, Depons, el Consejero Lisboa, José Martí, Ernesto Che Guevara y Gabriel García Márquez, entre los siglos XVIII y XX, también se rindieron a los pies de nuestra ciudad.

Llama la atención de forma particular la opinión que merece Caracas del celebre Gabriel García Márquez. “Caracas ha sido siempre para mí algo muy parecido a una obsesión”:

“Una de las hermosas frustraciones de mi vida es no haberme quedado a vivir para siempre en esa ciudad infernal. Me gusta su gente, a la cual me siento muy parecido, me gustan sus mujeres tiernas y bravas, y me gusta su locura sin límites y su sentido experimental de la vida. Pocas cosas me gustan tanto en este mundo como el color del Ávila al atardecer. Pero el prodigio mayor de Caracas es que en medio del hierro y el asfalto y los embotellamientos de tránsito que siguen siendo uno solo y siempre el mismo desde hace 20 años, la ciudad conserva todavía en su corazón la nostalgia del campo. Hay unas tardes de sol primaveral en que se oyen más las chicharras que los carros, y uno duerme en el piso número quince de un rascacielos de vidrio soñando con el canto de las ranas y el pistón de los grillos, y se despierta en unas albas atronadoras, pero todavía purificadas por los cobres de un gallo. Es el revés de los cuentos de hadas: la feliz Caracas.”

José Ignacio Cabrujas sobre Caracas: Siempre he pensado que Caracas es una ciudad en la que no puede existir ningún recuerdo. Es una ciudad en permanente demolición que conspira contra cualquier memoria; ese es su goce, su espectáculo, su principal característica.

"Esta humanidad trae consigo su propia arquitectura",  adujo el entonces cronista de Caracas, Enrique Bernardo Núñez, a finales de la década de los cuarenta, cuando la oleada de campesinos del interior del país y los miles de desplazados europeos, víctimas de las guerras del llamado viejo continente llegaron a la capital”.

Entre las ciudades que han tenido la suerte de contar con un escritor que le cante a sus lugares y a su gente con fervor y lirismo, se encuentran Buenos Aires con Jorge Luis Borges y Caracas con Aquiles Nazoa.

Más que un escritor sobre Caracas, Nazoa se muestra como un lector de la ciudad.

En 1967, escribió que “Caracas era entonces un lugar del que poco se sabía en el mundo, sumido en deplorable atraso, y esa es la Caracas en que yo nací, la Caracas a la que perteneció mi familia, la Caracas de la que yo vengo, y por eso puedo hablar de ella con tanta propiedad”.

En su libro Las Cosas más Sencillas (1972), acepta abiertamente que la Caracas que evoca y que "es más humana y más grata que la de sus hijos, tal vez sólo exista en la imaginación". Nazoa reitera que solía confundir su gran memoria de niño con su imaginación y en muchas de sus conferencias agregaba la frase "eso pudo haber sido verdad".

Igualmente, Nazoa eleva su voz de protesta ante el derrumbe de la casa de Francisco de Miranda y la división de la ciudad con la Avenida Bolívar, “construida para el paso veloz de los vehículos, a la vez que impide que el peatón pueda atravesarla con facilidad y comunicarse con quienes hasta entonces habían sido vecinos del mismo barrio, rompiendo así un ritmo de vida”.